Lupita Mueller

Mi sweetie

El mar, por fin el mar con ese azul turquesa que moja mis pies. Junto a mí, mi hijo. Mi adorado hijo. El llegar aquí hace que mis ideas aún no sean lineales, es como si estuviera amnésica, como si nada hubiera pasado. ¿Quién soy yo? ¿Qué he hecho? ¿Por qué me persiguen? Sí, ellos, los fantasmas de mi pasado, de ese pasado que ahora me juzga. ¿Por qué?  ¿Por haberme enamorado de un desconocido que me sedujo desde el primer instante? Nada importa ahora. Sólo el mar, mi hijo, mi libertad.

 

He dejado mi hogar, mis raíces, mi familia. Nadie sabe que salí huyendo de los Estados Unidos para que no mataran a mi hijo. Oh, mi adorado Sweetie, ni siquiera puedes comprender lo que pasa. El día que recibí la llamada por teléfono, esa maldita llamada amenazándome que te matarían, experimenté un temblor en todo mi cuerpo, como si perderte fuera perder toda mi vida. No tuve tiempo de pensar más, el tiempo se achicaba y tuve que vender a mis mejores amigas las joyas que me heredó Nani, mi abuela, esa mujer maravillosa que siempre me protegió de todos. Me protegió cuando te llevaba en mi vientre y sentía tus manitas moverse dentro de mí. No quise abortar, no quise que te arrancaran de mi vientre. Tan sólo tenía veintiún años. Pero soy fuerte y tengo una voluntad férrea, adquirida quizá de mis ancestros suecos, por ellos soy rubia de ojos verdes y los hombres me encuentran muy hermosa. ¿Pero de qué me sirve la hermosura si nadie puede ver mi alma? Piensan que soy una loca, una desequilibrada por haber tenido un hijo a tan corta edad. En realidad soy frágil y a veces lloro a solas. He perdido mi patria. Este país es bello, pero hoy sólo veo sombras. Todo se torna gris, borroso, el mar mismo parece un gigante enorme que amenazara con arrastrarme y dejar a Sweetie solo, en el desamparo. Lo abrazo, lo quiero más que a mí misma. Es mi razón de vivir en este México que va tornándose hostil. Desconozco el idioma de los mexicanos, sus costumbres. Me enfrento a otra cultura y tengo miedo. Aunque la gente me vea sonreír no saben que es sólo una máscara cubriendo las apariencias. Aparezco jugando con el mundo, fingiendo que soy feliz y lo creen. En el fondo soy una actriz, una mujer de cuerpo escultural, una Marilyn Monroe mostrando una felicidad que quizá nunca he tenido. Mas tengo a mi Sweetie, aquí junto a mí, soñando ante el mar, buscando encontrar un lugar donde pasar la noche, invocando a mi Dios interno que ilumine mi mente. Tengo miedo, mucho miedo. ¡Dios mío, ayúdame!

 

 

Toutes les droites appartiennent son auteur Il a t publi sur e-Stories.org par la demande de Lupita Mueller.
Publi sur e-Stories.org sur 25.06.2019.

 

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